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 Martha Kreutzer
29-7-2015 

"EL TRAIDOR Y EL HÉROE", POR MARTHA KREUTZER

 

                                                                     "Fair is foul and  ful is fair"

                                                                      Macbeth, William Shakespeare

 

"La muerte de Kilpatrick se vuelve una ficción, una escena de teatro montada para producir que el fin de su vida que sea recordado como un suceso épico. Cómo toda ficción, tiene intención estética". Tema del Traidor y el Héroe, JL Borges, Análisis, Sebastián Pujol, 2014

                                                                                          

Pertenezco al linaje de los Méndez de Alarcón, señores de Grajal, un nombre que aún se pronuncia con respeto en toda España. Soy tataranieto del gran Alejo Méndez de Alarcón, el héroe que mantuvo en vilo a las tropas napoleónicas mientras permanecieron en España y dio su vida en la batalla de Arapiles. Aunque evito mencionarlo, me complace pensar que también por mis venas corre sangre de conquistadores, caballeros de mano dura, espada implacable y cabeza soñadora, capaces de navegar por mares desconocidos, de aventurarse en tierras salvajes, de afrontar motines, celadas, flechas ponzoñosas. En fin, hombres valientes, resueltos a desafiar cualquier peligro en pos de una mayor gloria para la corona. Ellos son hoy parte de la Historia.

Eso le dije a Cayetana mientras tomábamos un aperitivo en el Café Gijón del Paseo de los Recoletos. No estaba alardeando de mi alcurnia. Nunca descendería a semejante vulgaridad. Solo procuraba recordarle que había sido mi mujer durante quince años y que seguía siendo madre de un hijo que a mi muerte ha de heredar el condado y otros títulos menores. Simplemente, le estaba pidiendo que considerase nuestra posición y que lo meditara antes de casarse con ese tío bastante menor que ella, un siciliano musculoso que yo mismo cometí la imprudencia de contratarle como chofer. Que ella me plantara por otro, no me extrañó. Casi no nos veíamos. El último tiempo, pocas veces salí de la finca.  Allí, sin nadie que me perturbe, me ocupo de la cría del ganado de lidia. Comparto con el mayoral el trabajo de la dehesa. Participo junto a los zagales en el acoso a los becerros y los primeros enfrentamientos con la puya del picador. Es emocionante descubrir la nobleza y la bravura del animal. Desde niño me cautivaba observar las tareas de la tienta; ahora disfruto interviniendo en esos toreos domésticos, sin capote y sin muletas, cuidando que el animal no se amañe antes de lidiarlo en la plaza. Tanta actividad física me ha sido beneficiosa. He mejorado el plantel de toros, he mejorado las ganancias y he mejorado yo.  En la ciudad no tenía tiempo, en la finca dedico unas horas a la lectura. Si bien no puedo enorgullecerme demasiado porque no ha sido mi obra sino la de mis parientes, tampoco puedo quejarme: dispongo de una gran biblioteca y, en un antiguo sótano, bajo la almazara, gozo de una bodega pródiga en aceites de oliva y el mejor jerez amontillado.  Frecuento a los amigos, pese a que, salvo en mayo para las corridas de San Isidro, poco voy a Madrid.

En cuanto a Cayetana, apruebo que rehaga su vida, no veo mal que se case, pero en su elección de marido por lo menos debería considerar su propio linaje. Cuenta con antepasados como el legendario don Pelayo, vencedor de los moros en el bosque de Covadonga. No sé qué le ha pasado por su cabeza: inteligencia no le falta, siempre fue una asturiana muy lista. Estudió en Salamanca y después de un postgrado en Paris, volvió convertida en una historiadora de ley, razón de más para honrar nuestros blasones.

-Metido hasta los ojos como estás en la dehesa, sólo con tus toros y los viejos libros, no percibes que el mundo ha cambiado, querido Alfonso. Ahora a nadie impresiona la sangre azul. Los príncipes eligen plebeyas. El rey Juan Carlos le otorgó un marquesado a Vargas Llosa, al menos un gran escritor, pero también a Vicente del Bosque, el entrenador del Real. La gente de hoy prefiere a cualquier futbolista o a una estrella de rock que al duque de Saldaña, con un título instituido por los Reyes Católicos. Y no me vengas de nuevo con la estirpe del gran Alejo Méndez, un "héroe" del que prefiero no hablar.

-Si tienes algo que decir, Cayetana, habla.  No me corre prisa.

-Soy yo quien lleva prisa, Alfonso. Lo siento, debo irme.

Recordé que era Viernes Santo y le pregunté si iría a la procesión del Divino Cautivo, en la que ella siempre participaba.

­- Ya no voy a procesiones me contestó secamente.  Y de aquel asunto hablaremos en otra ocasión. Pero antes, quiero aclararte que, como lo anuncié, no cambiaré mis planes.   

Con ojos críticos la observé a alejarse: había aumentado unos kilos, pero su andar no había perdido donaire. Seguía siendo una mujer guapa. A través del ventanal vi que, sin uniforme de chofer, el siciliano esperaba junto al automóvil.

Aunque respete las tradiciones, soy un hombre moderno que puede perdonar un desliz, me dije mientras intentaba acomodar mis ideas. No me parecería del todo mal que ella mantuviese una aventura discreta, pero el casamiento me resultaba definitivamente inaceptable. Una decisión así, por supuesto, habría de pesarle en el arreglo económico de nuestro divorcio. Por lo demás, el asunto no me desvelaba. Si alguna vez la había querido, ya no me acordaba y, por mi parte, lo reconozco, los lances extra conyugales no me han sido ajenos. Un año atrás, a duras penas conseguí apagar uno de aquellos fuegos que incendian hasta los sesos.  Todavía lo recuerdo. Por varios meses me convertí en esclavo del gracejo de una andaluza que bailaba sevillanas en Jaen.

Si había esperado convencerle, esa tarde no me quedó duda de que mi mujer había perdido la cabeza y que persistiría en su actitud. Pero más que ese asunto, me inquietaba el modo con que se refirió a mi antecesor. No desconoce que sobre su memoria descansa el señorío de la familia y, especialmente,  lo que el nombre de Alejo Méndez de Alarcón significa para mí. Su vaga alusión me hirió como un dardo envenenado. ¿Qué quiso insinuar? Sentí que debía aclararlo. 

No perdí tiempo. Al día siguiente la visité en nuestra casa que -según su abogado- ella pretende conservar.  Dadas las circunstancias, le será difícil. No permitiré que un arribista siciliano se convierta en el señor de esa histórica residencia. En eso no cedería, así me lo prometí al cruzar el portal.

Cayetana no demoró en recibirme y me saludó con un abrazo y una sonrisa burlona.

 -Déjame adivinar por qué has venido después de tantos meses. Sí, lo sé. ¡Quieres averiguar lo de tu pariente! Y bien, no pensaba hablarte del asunto; sin embargo, cuando ayer te oí enfatizar de tal modo sobre la alcurnia de tu familia, decidí contártelo.

Me alcanzó una copa de jerez y continuó:

-Hace unos meses la Academia de Historia propuso como tema de investigación la invasión napoleónica a España y Portugal. Entre los muchos documentos que pasaron por mis manos hallé varias cartas dirigidas a Claussel, un ayudante de Bonnet, el general francés que fue derrotado. Una de ellas, que tengo en mi poder, me sorprendió. Era una carta de Alejo Méndez de Alarcón. En resumen, querido Alfonso, cumplo en informarte que tu antepasado, el gran patriota, en verdad no fue más que un espía francés. Y su "heroica" muerte en Arapiles se debió a una bala de los suyos. No te asombres: a menudo los traidores son descubiertos.  

La oí estremecido, no podía creer lo que ella afirmaba en tono doctoral. Debe tratarse de un error, pensé en seguida, quizás la carta sea apócrifa.

-¿Estás segura de lo que dices?   

-Absolutamente segura.  Agoté los recaudos para comprobar su autenticidad. 

-Pero, ¿cómo es posible? Hay testimonios, constancias de los hechos. ¿Acaso no le rindieron honores al fin de la batalla? Se han levantado monumentos para recordarlo. Su nombre figura en cuanto tratado de Historia manejan en las escuelas. En España hubo muchos nobles de ideas liberales, simpatizantes de los franceses, es cierto, pero Alejo desde el principio luchó para expulsarlos. No, no lo entiendo.

 -¡Ay Alfonso, qué lejos estás de todo! Es evidente que el ejército español prefirió alimentar una imagen de héroe que le sería útil: animaría a vengar su muerte, fortalecería la resistencia. Una más de las tantas ficciones. Por algo se dice que es difícil separar la historia de la literatura. ¿Nunca te preguntaste qué hacen los cronistas con los sucesos? Al fin y al cabo, como el novelista, el historiador compone una ficción. 

Quise responderle, pero no pude. Me costaba respirar.  Sentí un dolor difuso en el pecho y pensé en Judas. Debí decir ese nombre en voz alta, porque ella, encendiendo un cigarrillo, me preguntó:

-¿Judas Iscariote, el mayor traidor de la historia?  Lo dudo. Tal vez, según dicen, no fue más que un personaje imprescindible, el entregador que obedeció el mandato de Jesús para ayudarle a cumplir su destino. Ya se sabe: las grandes tragedias necesitan una traición.

Sin dejar de sonreír, se me acercó sosteniendo la carta con las dos manos y la puso delante de mis ojos. Cuando terminé de leer quise arrebatársela, pero ella retrocedió velozmente y en ese momento apareció el italiano. Preví una escena de pugilato de la que yo no saldría favorecido y opté por bajar los brazos.

-Y debo señalarte, Alfonso continuó alegremente, que nada me importaría menos que divulgar este documento. El escándalo no me importa. Si lo he sustraído y lo conservo sin hacerlo público es porque sé cuánto te afecta. Un gesto muy considerado de mi parte, que espero sabrás apreciar.  Ahora bien, ya averiguaste lo que querías. En lo demás... ¿Estamos de acuerdo?

No le contesté y salí a la calle sin despedirme. En cuanto recuperé el aliento, evalué la situación y hablé con mi abogado para impartirle nuevas instrucciones.

Por supuesto, me duele desprenderme de la casa familiar del Paseo del Cisne, esa calle de un Madrid pleno de recuerdos entrañables, pero decidí dejársela. En fin, he sido comprensivo, todo se hará como ella pretende, a cambio, claro está, de ese papelucho amarillento, la carta de mi glorioso antepasado Alejo Méndez de Alarcón, el héroe, el traidor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   
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