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 Javier Iraola
06-4-2017 

"EL PRECIO DEL ARTE", POR JAVIER IRAOLA

De ish@galleryhajnal.com

Para: yunish@gmail.com

 

Asunto: !Cuadros - URGENTE!

 

Maldito Yunis:

                       Me vas a fundir. Te escribo desde la esquiva y ondulante Barcelona, donde sigo tratando de armar una exposición sin cuadros, pero la gente no es tonta y el tiempo se me acaba.

                       Te lo dije mil veces y te lo diré mil más: Tu arte es único y genial y tus obras son una maravilla. El problema es el obrero. ¿Hasta cuándo tendré que repetirte que la inspiración, la disciplina y el trabajo son como un cíngulo franciscano: tres nudos de una sola cuerda con la que todo artista debe ceñirse si quiere tener éxito? ¡Exito! ¡que palabrita ¿no?! Sí, sí, lo sé de memoria, casi puedo escuchar tu sermón con aire de modestia y tono superado; “vos sos un comerciante, yo soy artista”. ¡Palabrerío altanero e inútil…“todo es vanidad”! ¿Qué sería, por ejemplo, del gran Gauguin si no fuera por mi bisabuelo Gregory Hajnal, que vendió su primer cuadro en Francia? ¡Habría muerto por sobredosis de láudano en una isla perdida del pacifico y no lo conocería nadie! ¿Y dónde estaría el nombre de Picasso sin Miguel Hajnal que salvó el Guernica de las manos fascistas?. También habría terminado sus días en el anonimato, muerto de sífilis en una aldea marroquí o de malaria en Filipinas -¡lo mismo da!- nadie hubiera conocido al loco ese si no fuera por mi abuelo. Ni hablar de la venerable memoria de mi difunto padre Albert Josef Hajnal que, siendo un joven de apenas 22 años, remató el primer Warhol en Nueva York. Pero claro, eran judíos, ¡quien los va siquiera a mencionar!. Ilusos y estúpidos los que creen que el antisemitismo se pegó un balazo en un búnker de Berlín. Todo el mundo compra y vende alegremente, pero si nosotros comerciamos somos anatema. Hay que admitirlo; nuestro arte jamás será parte de ningún museo. Nuestros cuadros(¡porque eso es un buen negocio!)jamás encontraran un curador que se anime a exponerlos.

                       De todos modos no sé por qué me meto en estas divagaciones cuando a vos te importan menos que las causas de la actividad volcánica en Islandia. Será por la catarsis a la que me empujan tu silencio y el saldo del banco.  !Es el quinto mail que te mando en lo que va de la semana!. ¿Estarás muerto, drogado, borracho o todo a la vez? ¿Será que me enteraré de tu suerte en la sección policiales de La Nación online?. Maldito viejo estúpido, necesito que reacciones, preciso que regreses de tu mundo difuminado y lo pintes sobre una tela. 

                          Yunis querido, ya no sé cómo decírtelo: El arte es para ser admirado, no para que quede preso en tu psiquis delirante y etérea. Tu arte, querido amigo, no es tuyo, no es como esa televisión que prendés o apagás cuando te da la gana o cuando estas sobrio; vos sos un interprete entre el idioma misterioso del creador y la lengua ininteligible del corazón humano, un pulsador imprescindible de las emociones más diáfanas y má oscuras que habitan la hondura del hombre y, tan elevada misión, no puede jamás estar sujeta al devenir de tus estados de ánimo. El cuadro que vos no pintes no lo pinta nadie y hay una palabra eterna que queda sin ser pronunciada (y una venta sin ser realizada). ¡Tenés que ponerte a trabajar! ´

                           Hablando de Barcelona, ayer estuve en la Sagrada familia y me acorde de cuando hace ¿20 o 30 años? admiramos por primera vez ese pliegue de la tierra que se eleva al cielo y parece haber estado ahí desde el principio de los tiempos. Recuerdo bien tus palabras aquella mañana: “una maravillosa erupción de lava petrificada, nacida de las entrañas de la tierra y tallada por la mano de un hombre inspirado, por Dios”. (Una definición un poco larga y rebuscada, pero siempre tuve buena memoria para las cursilerías). Esta vez me decidí a entrar, para lo que, dicho sea de paso,  tuve que pagarle quince euros a la iglesia vaticana. Ni bien atravesé el pórtico de la pasión me encontré flotando en un mar de colores, quietud, luz, y silencio. Debo confesarte que a punto estuve de hacerme cristiano si no hubiera sido por la verborragia de ese crucifijo tan sorprendente; ¿qué le pasa a ese Dios que no se decide a usar la fuerza? ¡Yo creo en el Señor de los ejércitos, no en un Dios crucificado! Pero !basta!, solo quiero mandarte este mail para rogarte de rodillas que te pongas a pintar o que hagas una escultura o…ALGO. Simplemente dale tiempo y orden a tu arte y dejá que fluya. Vos dedicate a lo tuyo que yo, cumpliendo el mandato indeleble de mis genes, me ocuparé de que el mundo escuche tu grito y responda, mudo y admirado, mientras escribe un cheque sin prestar demasiada atención a la cifra. Sabés que soy muy capaz de lisonjear la vanagloria presente de mis clientes para construir tu gloria futura, pero si vos no producís estamos perdidos para siempre; tu arte y mi empresa.

                           Olvidás my fácilmente que, cuando no eras siquiera una promesa, yo hice como el hombre ese del Evangelio que vendió todo lo que tenia para comprar el campo con un tesoro enterrado. Todo lo aposté a tu joven y único talento...¡Pero probaste ser una roca dura de cavar! !No podés imaginar la desesperación que produce en un Hajnal de pura cepa saber que hay una fortuna enterrada y tener en la mano una pala vieja y oxidada!. Ayer me llamo Marina a los gritos pidiéndome más dinero: ¡cree que  tus vacas psicodélicas se pueden ordeñar y no entiende que ya las vendimos y nos gastamos toda la plata! . Para colmo, se cruza todos los días con las que están expuestas en la plaza San Martin y se pone peor. Me dice que vos no la atendés…y…

 

                              

 

                            "Hola Papa, estoy con Alejandra". La voz, femenina y decidida, sonó detrás de la puerta junto con el ruido de las llaves. La joven empujó la puerta de madera con el hombro y se sacudió el impermeable azul, mientras terminaba de abrirla. La luz que entró desde al vestíbulo iluminó un poco el ambiente, pero Alejandra sintió que habían abierto una tumba y no pudo evitar la mueca de espanto que le produjo la mezcla de olores y humedad, aunque intentó que su amiga no la notara. El humo de tabaco le terminaba de dar un aire espectral a la figura encorvada y envejecida que estaba inclinada sobre una vieja computadora de monitor bien grande y profundo. “!Papá!” suplicó Clarisa. El hombre sacó las dos manos del teclado y, aún encorvado y con los brazos caídos sobre su costado, giró la silla. "Ah" dijo mientras ponía una mano sobre cada rodilla e intentaba enfocar su mirada perdida en la acompañante de su hija; “¿Como le va?,buenas tardes”, dijo en voz muy baja. Alejandra, que era una linda muchacha de ojos firmes y largo cabello negro, miró compasivamente a su amiga y dirigiéndose al hombre le dijo con ternura; "Soy Alejandra, Yunis. Ale, la amiga de tu hija". Yunis se perdió por completo. Estaba realmente confundido. “¿Y entonces, usted quien es?”,dijo mirando ahora a su hija. Clarisa se dirigió al escritorio en que estaba apoyada la computadora y revolviendo la maraña de papeles y carpetas encontró lo que buscaba: !No tomaste el remedio Papi!, le dijo cariñosamente mientras abría la caja de Midax. Le acercó la pastilla junto con un vaso de agua y  Yunis extendió la mano sin preguntar ni preguntarse nada,  con la ausencia propia de un alma muerta al misterio. Llevó la Olanzepina mecánicamente a su boca y después de dar un sorbo devolvió el vaso a Clarisa con mano temblorosa. Y mirando al piso murmuró un “gracias” apenas perceptible  pero que a Yunis lo hizo volver sobre sí, a la vez que le devolvió la lucidez.

En un rápido movimiento giró la silla y, tecleando con decisión,  terminó el mail en grandes letras de imprenta: 

 

!POR FAVOR RESPONDEME!.

 

Enviar.

 

 

 

 

   
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